sábado, 23 de abril de 2016

FELIZ DÍA DEL LIBRO

Buenos días a todos/as.

Hoy para celebrar el Día del Libro os dejo uno de los relatos que me escribí hace años, de esos que nunca he mostrado y que estaban escondidos entre mis cosas. La verdad es que seguro tiene mil fallos...jejejej. Bueno espero que os guste aunque sea de tema costumbrista.
Un saludo, feliz día y dejad que el escritor que lleváis dentro salga.
ECN.



LA ZAPATILLA EN EL TEJADO

"Hay muchas formas de pasar un día de frío, sobre todo si tu vida se desarrolla desde que naciste en un pequeño pueblo de Cuenca. La mejor es en casa, apacible y tranquilamente, mirando caer el agua nieve por la ventana, al lado de la calefacción o cerca de la tan amada estufa de leña que en muchos hogares de estos lares aún se usa, y si no es suficiente, añadimos una manta en el sofá y el calorcito de tu pareja.
Esas tardes noches que miras a través del cristal y apenas ves, porque hasta hace nada estaba lloviendo y se pone cada vez más oscuro en el exterior. Mientras contemplas esto, lo último que se te ocurre es salir de tu casa. Además de la pereza que se siente si ya es de noche, hace frío, es fin de semana y día de descanso.

Pero siempre hay algo que hacer en el último momento: tu madre que te manda a comprar porque falta un ingrediente primordial para el plato de “callos” caseros que ha decidido preparar en honor de tu cuñado, al que le gusta comer las cosas típicas de la mancha y como todo el mundo sabe los vascos aprecian el buen comer; una visita más de la cuenta a tu lugar de trabajo porque a tu novio le falta fotocopiar un documento... Pues eso, que acabas saliendo a las ocho de la noche, increpando a lo alto por tu mala suerte y abrigada hasta las orejas, porque el frío de Diciembre es de armas tomar en estas latitudes.
No obstante, hay algo bueno en todo esto: vas en compañía, y piensas para ti egoístamente que por lo menos no pasarás frío sola: ¡si yo caigo, caerán conmigo!...
 En este caso además de mi novio y yo, venían mi hermana y mi cuñado, que habían llegado desde Santurce a pasar las navidades con nosotros (ya llevaban unos días en el pueblo), y que decidieron en último momento acompañarnos: pobrecillos, ¡¡ay, almas cándidas!!... En casa quedaron mis padres y mi sobrina, esperando el regreso de estos arriesgados y seguramente helados aventureros.
Al volver de recoger lo necesario, comprar el laurel y el ajo para los callos y de hacer las gestiones oportunas, eso sí, con la nariz roja y rezando para que no hubiésemos pillado un resfriado y sin que hubiese por la calle en la que íbamos más gente que nosotros mismos, apareció enfrente de nuestros ojos una caja de cartón, allí sola y abandonada; una de las que deshecha el kiosquero y que se había salido del radio de acción establecido para la basura. Se colocó delante de nosotros, en nuestra trayectoria y en mitad de la calle.
El hipotético lector de esto, piense en la situación: cuatro personas heladas por la calle y una caja vacía de cartón en medio de su camino, ¿qué se hace?..., exacto darle una patada.
 Pues NO, mi novio tuvo la genial idea de saltarla, ¿por qué?..., no sé, a mí no me lo pregunten. El caso es que ante la idiotez del salto de mi chico, mi cuñado sí hizo lo que había que hacer, le soltó una buena patada. La caja avanzó dos metros.
Después de que el susodicho le diera el golpe, quien esto escribe no fue menos y le dio otra patada, un poco menos lograda que la de mi cuñado, el vasco (que por eso es vasco y más duro), y la adelanté otro tramo (¿metro y medio?), así es que, acabó en mitad de la calle, exactamente tres metros y medio más abajo en la cuesta.
Hasta ahí sigue todo correcto; y os estaréis diciendo que para pegar dos patadas a una caja no hace falta historia, y estáis en lo cierto, pero pensad, ¿qué pasa por la cabeza de un hombre cuando tú solo saltas y los demás le dan sendas patadas?, os dejo un rato para pensarlo…tic tac tic tac… ¡tiempo!.
Pues sí, eso, que mi chico quiso repetir la experiencia y esta vez fue él el que se acercó a darle el golpe, con todas sus fuerzas sí, porque él no será vasco, pero sí de Cuenca ¡chorra! y ¡catapum! vimos volar la caja por los aires de tal patada que le dio. ¿La caja?, no… era su zapatilla. La deportiva derecha que tanto le había costado.
Es malo decirlo pero todos nos desternillamos de risa menos él, ya que le tocaba volver descalzo y con la suave lluvia a mi casa, andando sobre el suelo mojado, sin pararse a pensar en su pie desnudo, tal era su cabreo; porque su zapatilla estaba en el tejado del corral de enfrente viviendo libre de sus pies por fin.
El resto de la historia es secundario: mi hermana hablando con el dueño del corral que casualmente pasaba por allí sin dar crédito a lo que oía y sin poder hacer nada, ya que la zapatilla estaba en el tejado, no dentro de sus dominios; y nosotros rumbo a mi casa para volver con una escalera, un palo de escoba y unos regaños de mi madre, a rescatar a la zapatilla del tejado. Dejando en mi casa a mi sobrina sorprendida y con ganas de seguirnos a la aventura, pero por desgracia para ella era demasiado pequeña para salir con ese frío.
Lo siguiente fue: mi cuñado haciendo el gato mientras subía al tejado por la escalera y el muro del corral escoba en mano; mi novio ayudándole a subir, calzado con una chancla de estar por casa que trajo acompañando a la deportiva que le quedaba y que esperaba ansiosa que le devolvieran a su compañera; y mi hermana y yo, que no podíamos  parar de reírnos de ver el cuadro que se nos mostraba. Y aunque nosotras podríamos habernos quedado en casa, no íbamos a perdernos el desenlace ni por todo el calor y confort del mundo.
Al concluir el rescate, sin ningún incidente, (ya que mi cuñado sobrevivió a su ascenso al tejado) y después de que mi chico se calzase con sus deportivas, volvimos a casa, al abrigo del hogar y describimos con pelos y señales lo ocurrido al resto de mi familia.
En los días venideros, imaginad: fue la anécdota a contar entre carcajadas y caras de resignación (por parte de mi chico que no pudo evitar que lo contase todo, exagerando lo mío, claro)"








22 comentarios:

  1. Hola!!

    Queria darte la bienvenida a Cadena de comentarios, soy administradora de la iniciativa y del blog "Libros, historias y yo". Pronto tendréis más noticias sobre la iniciativa.

    Saludos.

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  2. Hola guapa!
    Espero que hayas tenido un feliz día del libro y que recibieses muchos libros. Es un relato muy lindo, me quedo por aquí y te invito al mío. Besotes

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  3. Hola! también vengo de CDC, ya te sigo y te devuelvo el comentario ^_^ Siento presentarme sin hablar sobre la entrada:S pero para la próxima si que comentaré debidamente :) ¡Besis!

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    1. No está pasando a todas, ya nos iremos poniendo al día. Un saludo.

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  4. Hola
    vengo de CDC y ya te sigo
    besos

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  5. ¡Hola!
    Gracias por pasarte por mi blog, yo también te sigo.
    Espero que disfrutases mucho del día del libro y gracias por mostrarnos tu relato.
    Un beso y feliz sábado.

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  6. Hola! No quise dejar un comentario sin antes leerme tu relato y debo decir que me reí con la historia jajajajajaja. Soy Nicolás de buceandolibros.blogspot.cl! Un abrazo y nos estamos leyendo!

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    1. Gracias bienvenido y me pondré al día con tu blog

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  7. Hola.
    Me ha parecido un relato muy bonito.
    Ya me quedo por aquí y nos leemos.

    Chispibesitos -CDC-

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  8. Me encanta como escribes. He disfrutado mucho leyéndote.
    P.D: vengo de la iniciativa cadena de comentarios.

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  9. ¡Hola! Me ha encantado la entrada, soy nueva en blogger, así que me encantaría que te pasases por mi blog literario para ver qué te parece y si te gusta, quédate porfa. http://cielodepalabrasperdidas.blogspot.com.es/

    Un beso y muchísimas gracias.

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  10. Hola!
    Algo atrasada pero Feliz día del libro!, gracias por compartir tu escrito :), vengo de la CDC así que estaré por aquí.
    Saludos!

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  11. Hola Eva, aunque ya nos seguimos, hoy vengo haciendole caso a las jefas del CDC y hago constacian ;)
    Nos leemos!

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