sábado, 11 de febrero de 2017

RELATO ROMÁNTICO: EL AMOR DE UN EMPERADOR.

Holaaaaaaa.
Os dejo por aquí algo corto que escribí para la recopilación de tema amoroso del blog LLEC, esta vez mi relato no está dentro de los 40 de amor que eligieron  para el ebook que han puesto a la venta en Amazon y cuyas ganancias de nuevo van a una buena causa. Pero bueno, no voy a dejarlo en el tintero, lo pongo aquí por si os apetece leerlo. Muchos de vosotros entenderéis el por qué de los personajes, quién es Adriano y quién es Antínoo. Espero que os guste.


EL AMOR DE UN EMPERADOR por E.M. CUBAS

***Adriano detuvo el caballo y elevó la cara para recibir los rayos del sol de la mañana, aunque él se despertó antes del alba. ¿Cuánto tiempo llevaba sin dormir a gusto, sin descansar? ¿Cuántas noches se despertaba susurrando o gritando su nombre? Ni siquiera hacía falta que se hiciera la pregunta, sabía perfectamente desde cuándo ocurría. Él había dirigido ejércitos, había construido ciudades, monumentos impresionantes que perdurarían en el tiempo, había conquistado y estabilizado el imperio y nada de eso conseguía sacarlo de su desasosiego, de su perpetua tristeza. Era como si todo se hubiera apagado ese nefasto día, como si su felicidad se hubiera evaporado. Las efigies que había mandado esculpir con su bello rostro eran una continua alusión a lo que había perdido y se convirtió en un martirio contemplarlas. Lo sabía desde niño: un emperador se debe a su imperio, a sus gentes, a su cultura, a su expansión y gloria, no hay lugar para el amor en su vida. Ni su esposa, ni sus numerosas amantes habían conseguido calar en su corazón y ahora penaba por amor y dolía, dolía más que nada. Dolía no ver sus rizos oscuros mecerse con el viento al cabalgar, dolía no poder contemplar esos impresionantes ojos verdes que a la vez eran tan jóvenes y tan viejos, dolía no verle fruncir el ceño ante los suntuosos banquetes, ante lo que creía que eran injusticias, ante un regalo nuevo y cómo le brillaba la cara cuando paseaba por las bibliotecas a las que iba con él o ante cualquier rollo de papiro o tablilla que llegaba a sus manos. Sí, dolía mucho que ya no estuviera ahí, no dormir a su lado, no sentir su olor, su calor, su risa o sus suspiros melancólicos. Por eso ya no descansaba bien, no había otra razón que su pena por la pérdida del amor.
Adriano escuchó la corneta que le indicaba que habían visualizado la presa que iban rastreando y, girando las riendas de su caballo, regresó con sus compañeros de cacería. Ya ni su pasatiempo favorito lo emocionaba, porque también le recordaba a su amor perdido, porque recordaba aquella espectacular caza del león en tierras orientales y en la que tanto disfrutó a su lado.
Una voz lo sacó de sus pensamientos haciéndolo regresar a su cruda realidad.
−Señor, han visto el ciervo en la vereda.
−¿Lo han abatido?
−Todavía no.
−Vayamos.
Adriano puso su semental al galope y avanzó dejando que el viento que levantaba su carrera se metiera en sus ojos y le hiciera soltar unas pequeñas lágrimas que no eran solo por la molestia y el escozor.

miércoles, 1 de febrero de 2017

LOS JARDINES COLGANTES DE BABILONIA

Holaaaa, hoy quiero dejaros un fragmento que ambientaría la trama en lo que fueron los Jardines colgantes de Babilonia, un fragmento de lo que pudo ser la historia de Liliana que no aparece en mi novel LA TRAVESÍA DEL ESCRIBA GÉNESIS porque como sabéis es la historia de Alan la que narro. ¿Cómo vivió todos esos siglos Liliana? Esta puede se una parte y quizás, en un futuro, otra novela.



"Nabucodonosor, rey de Babilonia, se acercó a la mujer por la espalda y la abrazó, perdiéndose en su perfume a lilas, en su espeso pelo rojo y depositó un tierno beso en su hombro desnudo. Los jardines colgantes más hermosos del mundo los observaban, un obsequio que el gran rey había edificado para su amada, para paliar la añoranza de su tierra.
¿Sabía que te encontraría aquí, Laila? le susurró el rey a la bella mujer, ella le acarició el brazo que la rodeaba con amor.