viernes, 28 de abril de 2017

MI VERSIÓN EN MI NOVELA VÍNCULO DE LA NOVELA DRÁCULA

Holaaaaaa.
Hoy os dejó unos capítulos de mi novela VÍNCULO DE SANGRE: LEGADO, una parte en la que doy mi propia versión de la historia y la novela de Bram Stoker, un clásico: DRÁCULA. Espero que a los amantes de esta obra les guste mi granito de arena.
Empezaré por el capítulo 22 que es en el que se regresa al Londres de 1897. Os pondré en antecedentes para los que aún no la habéis leído. Mi protagonista: Velkan Basarab, despertó en pleno siglo XXI y vuelve a compartir su vida con uno de sus descendientes: Iván Basarab y su esposa Sofía, y es a ella en esas páginas de mi novela a la que le cuenta sus vivencias en ese siglo XIX y en esa ciudad.
En el enlace de continuación podeis leer el resto, ya que son 4 capítulos más.
Un saludooooooooo.
ECN.




[…]
—¿Quieres contármelo? —Para sorpresa de Sofía, Velkan asintió.
—Ya os comenté que estuve un tiempo viviendo en Londres, fue a finales del siglo XIX, lo recuerdo porque hacía poco que decidimos cambiar las monedas y objetos de oro en lingotes para facilitar los movimientos de dinero entre bancos europeos y hacía pocos años que se había abierto el Banco Nacional de Rumanía. Viktor, el bisabuelo de Iván, tenía en ese entonces un bebé de seis meses.
—El abuelo de Iván.
—Sí, yo llevaba años con su familia, primero con el abuelo de Viktor, después con su padre, pero fue con él con el que mejor uní, Iván me recuerda mucho a él. El caso es que decidí dejarle un tiempo solo, como ya sabes de vez en cuando me apetecía cambiar de aires, pensé que sería bueno que disfrutara de su bebé y de su mujer sin mí. Me costó mucho convencerlo y cuando lo hice buscamos un lugar moderno, cómodo y con una sociedad más abierta: Londres fue la ciudad elegida. Enseguida Viktor se puso en marcha y organizó mi estancia allí, trasladando parte del dinero, comprando una casa en Picadilly y dejando todos mis asuntos en manos de un bufete inglés que nos recomendaron en Bucarest. Viajó conmigo para que me estableciera y cuando estuviera todo arreglado se volvería con su familia.
—¿Qué pasó?
—Las cosas se complicaron, apenas estuvimos unos cuantos meses, supongo que me enamoré de la mujer equivocada y una serie de acontecimientos ajenos a mis actos sacaron a la luz mi naturaleza y tuvimos que huir.
—¿Cómo se llamaba ella?
—Mina…
Sofía se enderezó como si un calambre la hubiera recorrido, ¿lo había escuchado decir Mina?
—¡Espera! ¿No sería Mina Murray, después Mina Harker?
Velkan la miró estupefacto, asintiendo con la boca abierta.
—¿Cómo sabes eso?
—Disculpa un momento…
Sofía se dirigió a una de las estanterías de la biblioteca, alcanzó el dvd de una película y un libro, llevándolo consigo y entregándoselo a Velkan que lo cogió y leyó el título.
Drácula de Bram Stoker —leyó él despacio—. ¿Y bien? ¿Este no es el famoso personaje de libro del que me habló Félix, el que se supone que está basado en Vlad?
—Ábrelo y lee…
Velkan obedeció, solo tuvo que leer las primeras frases y hojear varias páginas más para darse cuenta de que no era una novela basada en el voivoda, sino un relato sobre su estancia en Londres, sobre su vida, pero ¿cómo había llegado hasta allí? ¿Quién era ese Bram Stoker? Él no lo recordaba.
—¿Qué significa esto?
—Es una de las novelas góticas más famosas del mundo, no hay nadie que no la conozca. ¿Y dices que es real?
—No sabría decirte si lo escrito aquí es lo correcto, tendría que leerlo, pero los personajes sí son los reales: Jonathan, Seward, Van Helsing, Mina y Lucy. Pero, ¿cómo es posible?
—Si dices que es la verdad, lo único que se me ocurre es que alguien se lo contara al autor. Es increíble, siempre creí que era una invención. En este libro Drácula es un monstruo bebe sangre, un vampiro sanguinario.
—Supongo que en el fondo es lo que pensaban…
—Que tú eras el monstruo, ¿qué ocurrió? —Sofía estaba impaciente por averiguarlo.
—Te contaré lo que me pasó realmente allí. Siéntate nos llevará un tiempo.
Sofía se sentó de nuevo a su lado con el libro entre las manos, conocería no solo lo acontecido, sino lo que supuso para Velkan su primer amor.


CAPÍTULO 22
Londres, 1897

»Velkan y Viktor permanecían sentados en las dos sillas enfrente de la mesa de despacho del joven pasante mientras hojeaba los documentos, la visita al despacho era el primer paso para la nueva vida. Habían adquirido una propiedad en Piccadilly y traspasado parte de sus fondos a uno de los bancos más importantes de la ciudad, ahora solo faltaba concretar los trámites para el envío del resto de sus enseres personales a través del puerto de Dover y para eso debían contar con un abogado que se encargara del papeleo y de los tratos actuales y futuros en otras ciudades del país. Después de mucho buscar referencias a Viktor le habían recomendado ese bufete.
El joven continuaba con su labor, sin prestarles mucha atención, concentrado en lo que tenía entre manos, lo que permitió que lo observaran con detenimiento. Su aspecto era impecable, su pelo castaño claro estaba repeinado y su comportamiento era demasiado formal, guardaba las distancias y se mantenía en su lugar, no se involucraría más de lo necesario, para el gusto de los dos hombres de enfrente, demasiado frío, esperaban que no todos los ingleses fueran así.
—Pues bien, milord, todo está en regla. Si firma aquí, todo estará legalizado.
Velkan firmó los documentos que el abogado le tendió.
—¿Entonces ya soy ciudadano londinense de derecho?
El joven sonrió levemente, asintiendo.
—Cualquier trámite legal que necesite puede contar con nosotros. Bienvenido.
El abogado se levantó de su sillón y les estrechó las manos.
—Gracias por todo, señor Harker —le dijo Viktor.
—Hay algo más, ¿puede recomendarme algo que hacer en esta bella ciudad, enseñarme por dónde empezar…?
Velkan se moría de ganas de conocer Londres, de visitar cada lugar de interés y pensó que sería adecuado que un lugareño lo guiara y solo le conocía a él, era su abogado y le había ofrecido sus servicios. A partir de ese día viviría allí, era el trato al que había llegado con Viktor, él permanecería un tiempo con él y después volvería a Rumanía con su familia. Todo lo relacionado con Londres quedaría a su nombre y sería él el único en establecerse, esperaba que por un buen periodo de tiempo y hasta que se relacionara con la alta sociedad londinense necesitaba alguien que le aconsejara.
—Milord, está en Londres, seguro que encuentra algo que hacer.
El comentario velado no pasó desapercibido, Velkan frunció levemente el ceño ante su poca empatía, desde luego el joven no era dado a la lisonjería, incluso rayaba la insolencia, pero Velkan lo dejó pasar, buscaría otras opciones y le quedó claro que Harker no era el tipo de amigo que querría a su lado, nunca le había importado la clase social de nadie, pero al parecer allí iba a ser mejor relacionarse con los aristócratas.
—Apostaría cualquier cosa a que no sabe divertirse, señor Harker.
—Discúlpeme, milord, no todos podemos permitirnos vivir solo para el disfrute, la mayoría debemos trabajar duro —le contestó mirándolo fijamente a los ojos.
—No me cabe la menor duda, es usted muy diligente, quizás demasiado, por eso nos recomendaron su bufete, sin embargo, también debería aprovechar la juventud para disfrutar. ¿Está casado? —se interesó Velkan.
—No todavía, estoy prometido.
—Entonces mi consejo es que no se vuelva un ratón de despacho y disfrute de veladas felices con ella.
—Mi novia comparte mis gustos.
—Por supuesto, no podría ser de otra manera.
—Me parece que debemos irnos —Viktor interrumpió la conversación—, el señor Harker tendrá mucho trabajo aquí y nosotros ya hemos terminado.
—Organizaré los documentos que faltan y le avisaré, milord.
Harker los acompañó hasta la puerta y cerró cuando ellos abandonaron el despacho. Hacía unos años que él se ocupaba de los clientes y sobre todo de los extranjeros, su socio, ya anciano, confiaba plenamente en él; era cuestión de tiempo que todo el bufete fuera suyo y era conveniente tener una buena cartera de clientes. Viktor le había informado de que en su ciudad le recomendaron su despacho y eso significaba que sus fronteras se ampliaban, sin embargo, Velkan Basarab no le caía bien, había algo en él que lo molestaba, algo en su forma de mirar y de actuar, sabía que los nobles eran orgullosos y algo soberbios, pero este los superaba o por lo menos esa era su impresión, sus asuntos iban a ser solo laborales, por nada del mundo iba a convertirse en su sirviente para todo y menos su compañero de fiestas. Igual eran solo prejuicios, pero definitivamente no le caía bien. [...]
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